La experiencia Machuca en Las Condes

Jul
31
2018
Gran revuelo ha generado en la agenda nacional la decisión del alcalde de Las Condes, Joaquín Lavín, de construir un edificio de departamentos de viviendas sociales en un acomodado sector de la mencionada comuna.

La polémica se ha instalado fundamentalmente por las reacciones de un grupo de residentes de las zonas que han señalado abiertamente que no aceptan a los nuevos vecinos. Es así como han protagonizado protestas, una serie de descalificaciones a la decisión edilicia y caceroleos al estilo del Chile de los años 80.
 
Los ejercicios de integración social en los barrios, nos hacen recordar también la película Machuca de Andrés Wood, cuya historia trata sobre el esfuerzo que realizó el sacerdote Gerardo Whelan, entonces Rector del Colegio Saint George, para que a través del sistema educativo lograr la integración de un grupo de estudiantes provenientes de los sectores vulnerables a un establecimiento educacional de elite.
 
El ejercicio fue promovido por el colegio, pero al mismo tiempo resistido por los apoderados de las familias más acomodadas. La situación es muy parecida a lo que hoy se vive en las calles de Las Condes, pero donde se da una realidad que, a menudo, supera la ficción.
 
Desde el gran crecimiento de la ciudad de Santiago, que se dio con especial fuerza en la década de los 80 y 90, se hizo costumbre que las viviendas sociales producto de las múltiples erradicaciones de las llamadas poblaciones “callampas” se ubicaran en la periferia de la ciudad.
 
Es así como sectores céntricos fueron quedando “libre” de estas poblaciones debido a que la vía que encontró el Estado para dar solución a estas familias, fue la construcción de viviendas en los cordones más externos de la capital.
 
Comunas como La Pintana, San Bernardo, Puente Alto, Colina, Maipú, entre otras, fueron las que mayormente recibieron estas “erradicaciones”. Evidentemente, la decisión no logró terminar con la pobreza, sino que más bien la reubicó, sacándola de los sectores con mayor valor por metro cuadrado, como ocurre en el sector oriente de Santiago.
 
Un claro y dramático ejemplo de esta política masiva, pero descuidada en cuanto a la calidad, es la experiencia vivida en Puente Alto con las llamadas Casas Copeva, que simplemente no resistieron la lluvia dejando a sus habitantes no solo afectados por el agua y el riesgo de enfermedades, sino que también muy dañados con respecto a su dignidad.
 
Por ello, resulta tan controvertido que hoy los habitantes de Las Condes se manifiesten en contra de esta iniciativa de integración que propone el alcalde Lavín.
 
En el discurso público, todo el mundo apela y exige justicia, oportunidades de equidad y dignidad para los más vulnerables, pero siempre que sea “lejos de mi departamento”. Pese a que el edil ha reiterado que la comuna siempre ha tenido viviendas sociales y que los estándares de construcción previstos no afectarían la plusvalía de los actuales residentes, los vecinos no han cejado en sus manifestaciones.
 
Sin duda se trata de un tema que sobrepasa con creces lo económico. Más bien alude a un temor social a lo diferente, fenómeno similar que se observa con quienes critican la inmigración.
 
También se presenta en una época donde han emergido algunos líderes mundiales que favorecen esta segregación y utilizan miles de medios para justificar su afán de poner muros y negar el acceso a sus países a personas que buscan refugio, porque estos “otros” serían supuestamente “peligrosos”.
 
Por ello, resulta relevante valorar iniciativas como la que promueve el alcalde de Las Condes, que no sólo pone el tema en la palestra, sino que además nos obliga a repensar la manera en que hemos construido la ciudad.
 
Una ciudad moderna y culturalmente rica solo es posible en la medida que los barrios contengan una diversidad que evita la segregación y la generación de guetos de pobres, clase media o de ricos. Chile debe comprender que la integración no solo resulta necesaria, sino que también es justa e inevitable.
 
Co autor Juan Barrientos Maturana, académico de la U. de Santiago e integrante del Smart City Lab-Usach.
 
Fuente: Click aquí